Goles de larga distancia

¿Qué tienen en común el fútbol y la aeronáutica? Ambos son fascinantes y pueden levantar pasiones inmediatas. Hay futbolistas que vuelan, como los ingrávidos ases del regate, o los porteros, que tienen que despegar del suelo para despejar esos balones que quieren colarse por las escuadras. Sin embargo, quien más surca el aire en los campos de fútbol es el propio balón, poseedor de una gran autonomía de vuelo, y cuyo destino preferido es aterrizar en la portería contraria.

El pasado fin de semana Georgios Tzavellas, internacional griego al servicio del Eintracht de Fráncfort, marcó de un zurdazo desde los 73 metros. En la meta contraria estaba nada menos que Manuel Neuer. El portero titular de Alemania se quedó patidifuso tras el incidente y tendrá que vivir a partir de ahora con su papel de villano en el nuevo récord de distancia goleadora en la Bundesliga, establecido por Tzavellas contra él. De esta manera, el lateral izquierdo heleno ha entrado en un club muy selecto.

El despuntar de Rivaldo
Los goles desde larga distancia son como chispazos centelleantes en las carreras de todo astro futbolístico. Basta un par de búsquedas sencillas por Internet para revivir esas aclamadas escenas que quedarán para siempre en la memoria colectiva. Cuando a sus protagonistas les llega la hora de echar la vista atrás, constituyen sin duda el non plus ultra. Eso lo sabe muy bien uno de los héroes brasileños que conquistó la Copa Mundial de 2002.

«Mi vida cambió cuando marqué aquel gol desde el centro del campo contra el Noroeste. Si no me equivoco, fue el 18 de abril de 1993», declaraba Rivaldo en una reciente entrevista en exclusiva para FIFA.com. «Al día siguiente, los periódicos solo hablaban de Rivaldo y del gol que Pelé no había podido hacer. Es decir, a punto de cumplir 21 años me estaban comparando con Pelé. El fútbol a veces es un detalle, y ese detalle marcó mi vida. Fue lo que me abrió las puertas».

El genio precoz de Beckham y ZidaneAunque los goles lejanos se producen mucho más a menudo de lo que se piensa, siguen causando una impresión difícil de borrar. Rivaldo no fue el único en abrirse camino hasta la gloria mediante un chutazo de esas características. También David Beckham saltó a los titulares a comienzos de la temporada 1996/97 cuando, a los 21 años y con la camiseta del Manchester United, sorprendió con un recio golpeo prácticamente desde la línea del medio campo al portero del FC Wimbledon, Neil Sullivan. A partir de ese sublime momento, el futuro superastro inglés empezó a llamar la atención en todas partes.

Un crack asiático se dio a conocer asimismo a la opinión pública con una hazaña similar. En la campaña de clasificación para la Copa Mundial de 1998, el entonces jovencísimo volante iraní Mehdi Mahdavikia consiguió perforar dos veces desde muy fuera del área la portería de China, permitiendo a los suyos remontar dos goles en contra para vencer por 4-2. Luego llegaría a alcanzar un puesto de titular en la selección de Irán, numerosos honores y una carrera brillante, hasta erigirse en favorito de la hinchada del Hamburgo.

Y un francés de 23 años hizo converger sobre sí por primera vez las miradas de todo el planeta fútbol con uno de esos ensayos teledirigidos. El 6 de diciembre de 1995, en un partido de la Copa de la UEFA que enfrentaba al Girondins de Burdeos con el Betis en Sevilla, Zinedine Zidane vio cómo el balón llegaba a sus pies en el medio campo tras un punterazo de su portero y un rechace de cabeza. El posterior campeón del mundo no perdió ni un segundo en descerrajar un zapatazo con la izquierda que fue a parar directamente al fondo de las mallas béticas. Al punto se hizo famoso, aunque luego tratara de quitarle hierro al asunto: «Yo me limité a seguir mi instinto». Quién se atrevería a negarlo.

Arranca el partido y… ¡Goooooool!
Muchas veces estos goles de largo alcance se han marcado nada más oír el pitido inicial, cuando el guardameta contrario aún no ha tenido tiempo de ajustarse bien las manoplas. Además del citado zarpazo de Rivaldo está el célebre tanto que Diego Armando Maradona clavó en mayo de 1992 en un partido amistoso disputado en la ciudad de Posadas, a unos 1.000 kilómetros al norte de Buenos Aires, y eso que el arquero visitante estaba pisando casi su propia línea de meta.

El brasileño Alex Alves y el argentino Mauro Boselli firmaron proezas similares, que fueron festejadas por sus paisanos como heroicidades.

El colmo lo alcanzó Hans-Joerg Butt. El cancerbero alemán, que ha jugado la final de la Liga de Campeones de la UEFA con el Bayer Leverkusen y con el Bayern de Múnich, se forjó un nombre como lanzador oficial de penales de los Aspirinas. Pero en abril de 2004, en un partido del Leverkusen en casa del Schalke 04, después de transformar una pena máxima para los visitantes, tardó más de la cuenta en regresar a su portería demorado por las celebraciones. El astuto delantero local Mike Hanke agarró el esférico y corrió con él al punto central, pidió a un compañero que se lo pasara y superó por alto al guardameta goleador para dar la réplica instantánea de los anfitriones. De todos modos, Butt pudo respirar aliviado al final del encuentro, porque el Bayer ganó por 2-3.

De chivo expiatorio a ídolo
Los porteros suelen ser quienes más sufren las consecuencias de estos misiles tierra-tierra, pero a veces resultan ser los artilleros más potentes. En un partido de la Supercopa de Inglaterra de 1967 entre el Tottenham Hotspur y el Manchester United, el mítico guardameta norirlandés Pat Jennings, a sus 22 años, mandó el balón en un saque de puerta al fondo de las mallas de los Red Devils. El encuentro terminó 3-3, ambos equipos ostentaron el título durante seis meses cada uno, y Matt Busby, legendario entrenador del equipo contrario, admitió: «Es el gol más extraño que he visto en mi vida». El propio Jennings, 36 años después de aquel portento, confesó en una entrevista su creencia en poderes sobrenaturales: «Fue un ángel quien metió el balón en la portería».

El vigente dorsal número uno de la República de Corea, Jung-Sung Ryong, atizó en sus años mozos un gol del mismo calibre con el equipo olímpico de su país. Y seguro que los aficionados de todos los rincones del planeta podrían contar historias semejantes. Sin embargo, hay un arquero que en este sentido merece una mención especial. En un encuentro de la máxima categoría argentina disputado hace 15 años, José Luis Chilavert, el otrora extrovertido guardameta de Paraguay y a la sazón custodio del Vélez Sarsfield, enjauló un tiro libre desde los 58 metros en la portería de River Plate, para después comentar: «¡Incluso los contrarios me dijeron que era un genio!».

Chilavert fue muy aclamado en sus tiempos en activo y aún hoy es una personalidad muy querida y apreciada entre los seguidores de todas las latitudes. Pero aún nos queda un último episodio que añadir a su historia en relación con los goles lejanos. Al guardameta sudamericano le ocurrió algo muy parecido al percance mencionado de Butt luego de transformar un penal. En una conversación en exclusiva para FIFA.com, reconoció: «Seguramente ese fue el gol más tonto que me metieron jamás».

Niebla propicia y máximo cabezazo
Desde luego que ha habido goles que se han materializado desde distancias increíbles. Brasileños como Roberto Carlos y Juninho Pernambucano sobre todo, han dominado ese arte. También el artista rumano Gheorghe Hagi, durante su estancia en el Barcelona, atinó un disparo desde la línea central que se coló en la portería del Celta de Vigo, porque la niebla era tan espesa que nadie veía el balón.

Steven Gerrard y Xabi Alonso hicieron dos goles similares a ese para el Liverpool en apenas unos meses del año 2006. Y River Plate, que hasta ahora siempre había sido víctima de esos trallazos remotos, ha podido festejar últimamente tres tantos distantes, gracias todos ellos a la aportación de sus extranjeros provenientes de Paraguay y Perú.

Pero al fin y al cabo ha sido un argentino quien ha rebasado todas las barreras en esto de meter los goles desde lejos. En efecto, en octubre de 2009 y luciendo la camiseta de Boca Juniors en el estadio local de la Bombonera, Martín Palermo consiguió marcar desde los 39 metros —de cabeza.

Su extraordinario globo, expedido a la carrera y con toda la intención para pillar adelantado al arquero rival, Germán Montoya, no podrá olvidarse nunca. Palermo fue el único que no lo encontró tan asombroso: «Fue un gol fuera de lo común, aunque no deja de ser un gol de cabeza».

Fuente:FIFA.com



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