La Tregua de Navidad

En la guerra, las naciones son las que salen vencedoras y los hombres, mujeres y niños son los que terminan perdiendo siempre. Pareciera ser que desde que el hombre evolucionó a un ser totalmente pensante la necesidad de hacer la guerra a sus semejantes solo es menor que la necesidad de alimentarse. Así pues, podemos hablar de innumerables batallas, enfrentamientos y acontecimientos bélicos que han ocurrido desde que el hombre descubrió el fuego. En ésta ocasión vamos a recordar una de las guerras más sangrientas que se conocen, pero sobre todo un acontecimiento que ocurrió en vísperas de Nochebuena y con el futbol como protagonista.

Se aproximaba el día de Navidad en el año 1914, La Gran Guerra llevaba varios meses de conflicto en Europa, donde el objetivo era acabar o continuar – depende del cristal con que se mire – con el Imperialismo de esa época, usando como pretexto el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, el imperio austrohúngaro y sus aliados alemanes e italianos lanzaron la primera piedra y los rusos, ingleses y franceses contestaron con fusil en mano. Se pensaba que iba a ser una guerra corta, pero duró varios años convirtiéndose en la más sangrienta conocida hasta esos momentos y con acontecimientos que cambiaron el orden mundial de esa época. Se usaron por primera vez armas automáticas, aviones de guerra y sobre todo gases venenosos siendo trágicamente famosos en la guerra de trincheras que se llevó a cabo; y es precisamente en las trincheras donde se lleva a cabo ésta historia, que comienza en vísperas de Navidad.

En vísperas de Navidad de 1914 los ejércitos alemán e inglés cambiaron las balas por el futbol.

En Bélgica, los alemanes encontraron una ruta loable para entrar y conquistar París, pero los ingleses no lo iban a permitir por lo que la zona de Ypres se convirtió en una carnicería adornada por trincheras y amenizada por un frío intenso, enfermedades, plagas y algunas inundaciones. Justo en medio de las trincheras germanas y británicas estaba un campo llano donde la vegetación había desaparecido debido a los bombardeos y el frío había congelado el lodo, ambos bandos lo llamaron “Tierra de Nadie”. Se acercaba el 24 de diciembre y los altos mandos alemanes decidieron enviar a las tropas raciones extra de tabaco, alcohol y chocolate además de unos pequeños abetos toscamente adornados y así, los teutones adornaron sus trincheras con estos pequeños obsequios y comenzaron a festejar ante la mirada atónita del enemigo. Desde la trinchera germana se escuchaba el cántico Stille Nacht que nosotros conocemos como “Noche de Paz”, así que los británicos no se iban a quedar callados y contraatacaron cantando villancicos en la lengua de Shakespeare. Después hubo un bombardeo de gritos donde se mezclaban en alemán e inglés mutuas felicitaciones por la llegada de la Nochebuena.

La tregua duró varios días pero fue cortada de tajo cuando altos oficiales de los ejércitos supieron de su existencia.

Al otro día, varias cartas afirman el hecho de que un soldado escocés decidió salir de su trinchera y se encaminó hacia Tierra de Nadie con un balón de futbol en las manos. Rápidamente se formaron dos equipos y comenzó el juego en un terreno totalmente endurecido. Un teniente alemán de apellido Niemann contó en una carta: “… los escoceses hicieron su portería con unos extraños gorros y nosotros usamos parte de nuestro equipo, todos estábamos cansados sin embargo jugábamos con entusiasmo. Nos quedamos atónitos cuando nos dimos cuenta que los escoceses jugaban con falda sin tener alguna otra prenda debajo. El partido solo duró una hora ya que cuando un Oficial se enteró del partido lo mandó a cancelar enseguida. Ganamos el partido 3 goles a dos. Fritz marcó dos goles y Tommy uno”. Se cuenta en otras cartas que además el juego se llevó a cabo con total caballerosidad y deportividad, sin importar que días atrás los unos a los otros trataban de eliminarse; al final de cuentas el futbol es un deporte inventado por ingleses donde siempre ganan los alemanes.

La fugaz paz duró unos cuantos días más dejando que los británicos celebraran su Boxing Day, pero cuando los altos mandos se enteraron de esta tregua, rápidamente mandaron a  cancelarla, a reprender a algunas personas y sobretodo a eliminar testimonios como cartas o fotografías. No todos los alemanes e ingleses estuvieron de acuerdo con que los enemigos fraternizaran y un soldado alemán escribió en su diario “Estas cosas no deberían pasar en tiempos de guerra ¿Acaso los soldados de mi país no tienen honor?” Aquel soldado de rango bajo se llamaba Adolf y se apellidaba Hitler y está de más decir lo que pasó con él.

Para conmemorar el centenario de La Tregua de Navidad se hizo una recreación de aquel partido en Bélgica.

Una vez más quedó demostrado que es irrefutable el hecho de que el ser humano evolucionó para pelear y para tratar de destruirse a  sí mismo, pero también es una realidad que no se necesitan balas para que la sed de guerra sea saciada. En ésta ocasión un simple balón de futbol pudo enfrentar a dos ejércitos donde el ganador no humilló al vencedor y el vencedor no hizo alarde de su supuesta grandeza. Tal vez la humanidad corrompe y destruye todo lo que toca a su paso, pero en el fondo de su esencia no desea poner en peligro al prójimo. Nosotros solo queremos guerras en los campos de juego, batallas entre naciones, entre ciudades y entre barrios que cuando finalice el tiempo reglamentario los guerreros se fundan  en un abrazo y en un cambio de playeras. Aquella víspera de navidad de 1914 es una muestra de ello.

Michel Platini, entonces presidente de la UEFA encabezó las celebraciones del centenario de la Tregua de Navidad en Flandes, Bélgica.

Fuente: futbolsapiens.com



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