Cuando el capitán campeón de Inglaterra estuvo detenido en Colombia a dos días de debutar en el Mundial

A la hora de pensar en Bobby Moore, las primeras imágenes que surgen para los amantes del fútbol, ingleses o no, son en Wembley en el Mundial de 1966, mientras alza la Copa Jules Rimet, que por entonces recibían los campeones del mundo. La fama sobre él que llegó a nuestros días habla de un hombre que hizo de la corrección un dogma, tanto fuera como dentro de la cancha. Que tiene, entre otras cosas, una estatua en su honor a la entrada de la Catedral del Fútbol en Londres.

Pero hay una historia extrañamente poco difundida, ocurrida cuatro años después de esa consagración, que lo tuvo como protagonista no deseado y puso en duda esa trama sin dobleces que llegó a nuestros días. Un episodio absurdo que ocurrió en 1970 y derivó en que el capitán del seleccionado de Inglaterra, que además de defender el título era uno de los favoritos para el Mundial de México, estuviera detenido cuando faltaban apenas dos días para debutar en el certamen. Todo por un brazalete de esmeraldas.

La odisea de Bobby Moore e Inglaterra en Colombia

Los ingleses llegaron a Colombia en mayo del 70, en el marco de su última gira preparatoria para la Copa del Mundo. La idea era que los jugadores se aclimataran no sólo a la altura de México, y para eso las condiciones de Bogotá eran ideales. Inglaterra necesitaba ese ajuste final de la condición física para sumarlo al gran nivel técnico que había mostrado cuatro años antes en la coronación como local -más allá de las dudas que dejaron los arbitrajes contra Argentina y sobre todo en la final contra Alemania, en la que se dio por válido un gol cuando la pelota no había cruzado la línea. Pero todo ese plan perfecto estaba por desmoronarse.

El escándalo se cocinó en uno de los locales del Hotel Tequendama, donde se alojó la delegación inglesa. Bobby Moore se paseaba por el lobby junto a su amigo Bobby Charlton, otra de las grandes figuras del seleccionado, y decidieron entrar a una joyería cercana, llamada Fuego Verde, con la idea de elegir algún regalo. Nada fuera de lo común ocurrió en un primer momento: los futbolistas estudiaron detenidamente un brazalete dorado con esmeraldas incrustadas, consultaron el precio y siguieron su marcha. El problema vino después.

La joya había desaparecido, pero no sólo eso. La única empleada que atendía el local, Clara Padilla, lanzaba ante los policías reunidos en el lugar una acusación contundente: que Bobby Moore, el mismo hombre que en 1966 había recibido la copa de manos de la Reina Isabel II, había robado el brazalete. “Yo sé lo que vi”, diría Clara en ese momento, y lo repetiría por el resto de su vida.

Detención y polémica, antes del Mundial

Como era inevitable, los agentes procedieron a requisar a Moore y a Charlton, sin encontrar la joya perdida. Todo apuntaba a que la historia se terminara ahí y se evitara cualquier incomodidad para los europeos. La situación se manejó en un principio con el mayor hermetismo posible, y los pocos que sabían del tema confiaban en que todo se pudiera barrer rápido debajo de la alfombra: el involucrado era uno de los jugadores más famosos del planeta y en breve debía embarcar a México a como diera lugar.

Tan resuelto parecía todo que Inglaterra jugó el 20 de mayo, tal como estaba previsto, un amistoso en el que se impuso 4-0 en el estadio El Campín al seleccionado local. Los dos Bobby, aparentemente lejos de cualquier preocupación, estuvieron entre los once titulares que alineó el entrenador Alf Ramsey.

De nuevo tal como habían programado, los británicos emprendieron después viaje rumbo a Ecuador para enfrentar al seleccionado local en la altura de Quito. Luego de la victoria 2-0 el 24 de mayo, la idea era ya volar hacia México para enfocarse definitivamente en el Mundial, que comenzaría exactamente en una semana.

Como en el itinerario estaba previsto regresar con paso previo por Bogotá, algún allegado sugirió la posibilidad de hacerlo vía Panamá, para evitar cualquier eventual complicación que pudiera surgir por la situación del ya famoso -al menos puertas adentro- brazalete. “Quien nada debe, nada teme”, cuentan que lanzó altivo el capitán Bobby Moore cuando le consultaron si no era mejor evitar un nuevo paso por Colombia. Y allí fueron, dirían algunos, con la seguridad de los que saben que habían hecho las cosas bien. O, dirán otros, con la sensación de impunidad que da el poder.

Un regreso a Colombia más que accidentado

Así las cosas, los orgullosos campeones del mundo no solamente volvieron al país del incidente, sino que se alojaron de nuevo, como si nada hubiera pasado, en el Tequendama. Lo que no sabían era que por entonces había aparecido un nuevo testigo, llamado Álvaro Suárez, que aseguraba que el día del escándalo también había visto desde afuera de la joyería a Moore mientras guardaba el brazalete en su traje.

La policía colombiana, que para evitarle una humillación pública a Moore no lo había detenido en el aeropuerto al momento de su llegada, lo arrestó mientras presenciaba una película en el cine del hotel. La delegación inglesa quedó envuelta en una sensación de estupor. Nadie, además, osaba dudar de la inocencia del capitán. «Tanto lío por un brazalete. Bobby, si quisiera, se puede comprar todo el hotel», dijo por entonces Alf Ramsey.

Entonces sí la noticia explotó en las redacciones de todo el mundo. Moore fue sometido a un nuevo interrogatorio en el que mantuvo su versión del hecho, aunque nada evitó que continuara detenido mientras la Justicia proseguía su investigación. Intervino entonces Alfonso Senior, presidente de la Federación Colombiana y hombre de la FIFA, que primero movió contactos para lograr que el futbolista cumpliera detención domiciliaria y luego ofreció su propia casa para alojarlo.

Una solución urgente para que Bobby Moore juege el Mundial

Si en cualquier caso la situación hubiera generado una crisis diplomática, mucho más con el Mundial a la vuelta de la esquina. Previsiblemente, el gobierno británico se movió en el más alto nivel para reclamar una salida rápida al futbolista, del que proclamaba su inocencia y recordaba sus intachables antecedentes.

Mientras tanto, Clara Padilla, la testigo clave, empezó a ser sometida a una presión feroz. Medios de comunicación, no sólo en el exterior sino en la misma Colombia, ponían en duda su testimonio y hasta deslizaban que había denunciado a Moore por despecho luego de que no se dejó seducir por ella. Al mismo tiempo, empezó a recibir amenazas anónimas para que diera marcha atrás y evitara a su país “la vergüenza mundial” a la que en teoría lo había empujado. La situación se volvió insoportable para ella, que poco después eligió el camino del exilio y partió hacia Estados Unidos para continuar allí su vida.

Senior no sólo se encargó de mejorar las condiciones de detención de Moore, que gracias a las comodidades de su casa pudo incluso entrenarse, aun con algunas limitaciones, para no perder forma física antes de la gran cita. También consiguió para su defensa a Vicente Laverde Aponte, un abogado experimentado que incluso menos de una década antes había sido ministro de Justicia del país. Hombre avezado en los entresijos de los tribunales, no tardó en señalar contradicciones en los relatos de los testigos para debilitar la acusación.

En algún momento de esos días ardientes el juez del caso encendió aún más alarmas cuando deslizó que la investigación podía extenderse por meses. Pero al cuarto día de detención, el 29 de mayo, cuando ya la presión era muy difícil de resistir y la acusación se hacía más difícil de sostener, Moore fue finalmente liberadoFaltaban apenas dos días para que comenzara el Mundial con el choque entre México y la Unión Soviética, y cuatro para el debut de Inglaterra, que con Moore en el campo de juego venció 1-0 a Rumania.

Prestigio recuperado, pero con cicatrices

El plantel de Inglaterra, que había decidido viajar a México mientras se resolvía la situación de Moore, lo recibió como un héroe. Es contrafáctico saber qué habría pasado si no se producía el incidente, pero lo concreto es que la actuación de los defensores del título en el Mundial estuvo por debajo de las altas expectativas que se habían generado.

La caída 1-0 ante el brillante Brasil en el segundo partido del grupo marcó el primer límite, aunque el capitán encontró tal vez algo de consuelo luego del partido con un mimo de Pelé, por entonces el indiscutido mejor jugador del mundo. «Es el jugador que mejor me ha marcado en mi vida, y el más deportivo», afirmó O Rei, que se reencontraría con Moore en 1981, cuando ambos participaron -junto a Osvaldo Ardiles, Michael Caine y Sylvester Stallone, entre otros- de la recordada película “Escape a la victoria”, de John Huston.

Aunque Inglaterra consiguió la clasificación al vencer en el cierre del grupo 1-0 a Checoslovaquia, quedó relegada al segundo lugar detrás de los brasileños, que se consagrarían campeones. En cuartos de final, reeditaron contra Alemania Federal la final de 1966. Sin ayudas arbitrales esta vez, los ingleses no pudieron sostener una ventaja de dos goles, cayeron 3-2 en tiempo suplementario y se despidieron del certamen.

Para Moore, aunque no lo sabía en ese entonces, ese partido significó la despedida de los Mundiales. Inglaterra ni siquiera lograría clasificarse a Alemania 1974, en buena medida debido a dos jugadas desafortunadas del capitán en un partido decisivo ante Polonia en Chorzow, que derivaron en sendos goles y el 2-0 definitivo para el local.

En Colombia, la investigación por el famoso brazalete siguió, y se cerró con un final conveniente: el dueño del local asumió la culpa de la situación y aseguró que se había tratado de un autorrobo. A partir de esta situación, los medios europeos en general dan por hecho que todo se trató de un intento de estafa o, incluso con una visión algo más conspirativa, de una búsqueda de afectar las chances de Inglaterra en el Mundial.

Pero no todos se conformaron con ese cierre. En mayo de 2025 se estrenó en Colombia el podcast “El capitán y el brazalete de esmeraldas”, que con una investigación exhaustiva habla con diferentes protagonistas del caso. El éxito fue tal que una productora decidió comprar los derechos para realizar una serie, que si no ocurren contratiempos se emitirá por Netflix.

Entre los que hablaron en el podcast se encontraba Clara Padilla, que no había vuelto a manifestarse públicamente desde 1970. “Yo sé lo que vi. Yo vi a ese señor tomar el brazalete y guardarlo”, repetía con precisión y hasta un cierto orgullo Clara. La mujer, que cursaba el tramo final de una enfermedad terminal y moriría pocos meses después, no se movió un centímetro de su versión inicial.

Si bien Moore es aún hoy presentado por las lecturas más hegemónicas como sinónimo de caballerosidad deportiva, está claro que la historia del brazalete no dejó de sobrevolarlo hasta su temprana muerte, en 1993. Hay quienes aseguran que fue el principal motivo por el cual nunca fue nombrado caballero, a diferencia de otros campeones mundiales como Bobby Charlton, Geoffrey Hurst y el entrenador Alf Ramsey. Y aunque también es cierto que Charlton y Hurst pasaron a ser sires en 1994 y 1998, cuando Moore ya había fallecido, no deja de llamar la atención que el capitán del equipo no haya estado adelante en la fila.

Fuente: ESPN.com.ec



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