Desde Londres 1908, el fútbol vivió entre el amor y el odio con los Juegos Olímpicos. El fútbol y el espíritu olímpico nunca mantuvieron una relación cercana. Siempre se miraron con recelo, como si uno hubiese llegado a ocupar el lugar del otro. Y si bien esto no es totalmente cierto, sí es real que el deporte más popular del mundo no necesita estar «acompañado» del resto de las disciplinas para movilizar pasiones y multitudes.
Por eso los intereses de uno han ido en contra de los del otro desde el comienzo de las Copas del mundo, en 1930.