No son vistos como seres humanos. Por el contrario, son concebidos como engendros, suciedad o hijos del demonio. El trato hacia ellos ya no es ni siquiera discriminatorio, sino de auténtica barbarie. Tampoco son hostigados, sino perseguidos para ser cazados como si se tratara de animales. El término de “supervivencia” se queda corto para abarcar lo que realmente sufren.
Los albinos de Tanzania, una población que ya sufre por sus rasgos físicos y biológicos, tienen que esconderse para no ser asesinados y traficados. Brujos del país africano creen que sangre, extremidades y partes del cuerpo de los albinos sirven para pócimas especiales, por ello pagan grandes cantidades para hacerse de un “cazado”.