El suizo Joseph S. Blatter fue reelegido para un cuarto mandato al frente de la FIFA, al término de un accidentado proceso electoral en el que su único rival tuvo que dar un paso al costado, surgieron denuncias cruzadas de corrupción y hubo una petición formal de aplazar los comicios.
La solicitud de la federación británica de posponer la elección del presidente, con el objetivo de poner en marcha un proceso «transparente» y tener al menos un candidato alternativo, fue rechazada por una clara mayoría de los delegados que participaron en el 61 Congreso de la FIFA, en Zúrich.