Lupo Quiñónez

Ni los fantasmas ni amenazas pudieron con Lupo Quiñónez

El hombre que consiguió, sin  ser político,  que millones de ecuatorianos gritaran “¡Lupo presidente, Lupo presidente!”, emocionados hasta la médula frente a una pantalla de TV la noche del 7 de septiembre de 1983, es el mismo que siete años después de desatar ese bullicio nacional decidió que lo mejor era retirarse en el silencio más absoluto.

La figura pública que despertó admiración por su desempeño descomunal, con base en garra pura y valentía  en un 2-2 contra la poderosa Argentina por la Copa América, emigró a Estados Unidos casi en la clandestinidad.