Por los parlantes, media hora antes del partido entre Barcelona y Delfín el 24 de septiembre, una voz advierte: “Recordamos a la hinchada que está prohibido detonar explosivos, encender bengalas y arrojar objetos…”.
El mensaje se escucha en la platea baja de la general sur del estadio Monumental, que va quedando con espacios vacíos como si los hinchas supieran que hay sitios que no deben ocupar. Dos jóvenes resaltan en medio de estos graderíos, uno trigueño con jean, gafas y gorra acomoda con una tarjeta un polvo en un papel que enrolla y fuma bajo el cielo nocturno. Su acompañante vigila.