Los filosofos y el fútbol

El fútbol medieval en Inglaterra

De Shakespeare a Sartre, siempre fútbol

Con el nombre de filosofía se hace referencia generalmente al esfuerzo sistemático del ser humano por alcanzar el conocimiento del ser y de las conexiones entre las cosas. «Sólo sé que no sé nada«, de Sócrates, o «La meta es el camino«, de Confucio, son sólo dos ejemplos de máximas filosóficas que han dado que pensar a la humanidad durante siglos.

Por tanto, no debería sorprender a nadie que estas lúcidas cabezas y mentes pensantes del mundo entero hayan dedicado unos cuantos aforismos al deporte más popular del planeta, es decir, el fútbol. Queremos empezar nuestro viaje a través del tiempo por uno de los dramaturgos más señeros de la literatura universal: William Shakespeare.

Entre el desprecio y la gratitud
Mientras que uno de sus contemporáneos de los siglos XVI y XVII, Richard Mulcaster, escribió en su día que «el fútbol fortalece los músculos de todo el cuerpo y, como hace bajar los jugos sobrantes, despeja la cabeza», Shakespeare no encontraba esta actividad muy de su gusto.

De ahí que en su obra de teatro de 1591 La comedia de las equivocaciones, hiciera que el criado Dromio se quejara a su señora Adriana de esta forma: «¿Por hablar sin tantas vueltas me pateas como si fuera un balón de fútbol? Tú me lanzas de acá para allá y el me lanza de allá para acá. Si sigo sirviéndolos, me tendrán que forrar en cuero». Y 15 años después acuñó en El rey Lear la siguiente amonestación: «¡Tú, despreciable jugador de fútbol!».

Es más fácil ser presidente de los Estados Unidos que entrenador de fútbol

Henry Truman, Presidente de los Estados Unidos.

Muy otro era el sentimiento que suscitaba el deporte rey en el premio Nobel de literatura Albert Camus, que expresó así su agradecimiento: «Todo lo que sé con certitud acerca de la moralidad y las obligaciones humanas se lo debo al fútbol».

El teatro del mundo
«Hace ya cientos de miles de años el ser humano se divertía dando patadas a diversos objetos y corriendo detrás de ellos. Por cierto que en aquel tiempo los hombres iban a cuatro patas, de modo que un disparo a puerta se atajaba normalmente con las patas delanteras», señaló el humorista alemán Vicco von Bülow, alias Loriot, desde su punto de vista sobre los orígenes del homo sapiens.

¿Puede estudiarse el fútbol científicamente? Para el historiador Horst Bredekamp no es ningún problema: «En ningún otro campo pasan cosas tan elementales y al mismo tiempo tan diferenciadas con medios tan sencillos en un espacio tan reducido. El fútbol es el teatro de la vida».

«Fútbol significa libertad», manifestó sabiamente la leyenda del reggae Bob Marley. En ese sentido coincide más o menos con las palabras del mismísimo ex presidente de los Estados Unidos Harry Truman. «Es más fácil ser presidente de los Estados Unidos que entrenador de fútbol», aseguró. «Miren ustedes, yo soy elegido para cuatro años. Un entrenador de fútbol, si pierde, puede ser despedido de la noche a la mañana».

El fútbol bajo el signo de la religión y la cultura
En nuestras indagaciones en torno a estos interesantes proverbios, hemos constatado que, de hecho, muchas personas inteligentes le han dado vueltas al tema y han establecido analogías con otras áreas. La paleta de citas —como por ejemplo esta definición de los hermanos Grimm: «una vejiga de buey inflada y recubierta de cuero, que se lanza al aire con el pie o con el brazo»— alcanza para hacer comparaciones religiosas y culturales.

«¿En qué se parece el fútbol a Dios?», se preguntaba el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Él mismo aventuró la respuesta: «En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales». Y nada menos que el italiano Umberto Eco concluyó: «El fútbol es una de las supersticiones religiosas más extendidas de nuestro tiempo. Hoy en día es el auténtico opio del pueblo».

Un adversario complicado
«El fútbol crea un plano de intercambio democrático, un genuino diálogo de las culturas», anunció por su parte la escritora camerunesa Calixthe Beyala. «Para los futbolistas, el fútbol es un deporte (y un trabajo, y un negocio); para los que no son futbolistas, es decir, para todos los demás, el fútbol es cultura, y por tanto arte de vivir», sentenció el autor austriaco Egyd Gstättner. «¿Entonces no hay más que cultura? ¿Y no hay fútbol?», replicó el literato alemán Janosch.

El filósofo francés Jean Paul Sartre, que a mediados del siglo XX se ocupó de la complejidad del deporte rey, también fraguó algunos sustanciosos pensamientos sobre el asunto, y llegó a la conclusión de que «en un partido de fútbol todo se complica por la presencia del equipo contrario».

Un partido dura 90 minutos
Y cuando el equipo contrario es Alemania, todo parece perdido, al menos para el astro del fútbol inglés Gary Lineker, que un buen día sorprendió al público con el siguiente adagio: «El fútbol es un juego muy sencillo: 22 jugadores no paran de correr detrás de una pelota durante 90 minutos y al final siempre gana Alemania».

No queremos terminar nuestro periplo por las sentencias de filósofos e intelectuales de esta Tierra sin recurrir a uno de sus verdaderos protagonistas, que a lo largo del siglo pasado también tuvo sus ocurrencias en torno al balompié.

Porque, ¿qué sería de nuestro amado deporte sin la sabiduría del cerebro alemán del «Milagro de Berna», Sepp Herberger? «Después de un partido es antes de un partido», observó. Y también: «Un partido dura 90 minutos». ¿Quién se atrevería a contradecirlo?



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2 respuestas

  1. Buen dia.

    Mi nombre es Leonardo Leiva soy estudiante de filosofia en la universidad de Cartagena en Colombia -mi país- me gusta mucho el futbol y me parece interesante este texto, mi pregunta es ¿Como me puedo contactar con vosotros?

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