La soberanía nacional, en entredicho

La suspensión del congreso de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) –que debía elegir la nueva directiva para los próximos cuatro años– por una acción constitucional de protección ha provocado una discusión en la que está implicada la soberanía nacional, cuestionada por dirigentes y empleados de la FEF. Ellos, con sus ‘criterios jurídicos’ pretenden convencernos de que esta entidad es una isla dentro del Estado ecuatoriano en la que manda, ordena y dispone la FIFA, organismo cuestionado por sus prácticas de corrupción, por sobre nuestra Constitución y las leyes de todo orden.

Esto es lo que puede colegirse de las declaraciones del síndico de la Ecuafútbol, quien afirmó: “Quien solicitó la acción de protección no consideró que la FEF se rige por los reglamentos de la FIFA. A menos que se especifique en el reglamento de FIFA, queda excluido el recurso por la vía ordinaria en el caso de medidas cautelares de toda índole. Al recurrir a esa acción de protección ha violado flagrantemente la norma a la cual estamos regidos por mandato legal. La ley nos obliga a regirnos con la normativa FIFA”.

El presidente de la Comisión Disciplinaria de la FEF tomó el atajo de la amenaza al afirmar que “hubo la intromisión de la justicia ordinaria, y la FIFA ya lo sabe. Está a la espera de lo que ocurra más adelante para tomar su resolución. ¿Qué resolución puede tomar? Pues simplemente al considerar que hubo una intervención, Ecuador quedaría suspendido en la FIFA”.

Por último, el presidente de la FEF, Luis Chiriboga Acosta, aspirante a reinar por dos décadas en el balompié nacional, sostiene: “Es increíble que haya personas que irrespeten la majestad del congreso ordinario del fútbol, que les importe muy poco que la FIFA pueda suspender a la FEF. Porque tengan la seguridad, señores, de que con una carta de la Federación, en 24 horas la FIFA suspende al fútbol ecuatoriano, pero yo no voy a hacer eso”. Vale aclararle al persistente postulante que según el diccionario, la palabra ‘majestad’ significa “grandeza, sublimidad que infunde admiración o respeto”. ¿Existe algún aficionado al fútbol en Ecuador que crea que el congreso de la FEF es grandioso o sublime?

Lo curioso es que Chiriboga rechaza la intervención del Poder Judicial en la Ecuafútbol, pero invoca la del Poder Ejecutivo y llama al presidente Rafael Correa “un presidente amante de la democracia y que consagra la independencia del fútbol (…) que fue condecorado por la Conmebol y por la FIFA como ejemplo para los presidentes de otros países por el respeto a la autonomía del fútbol”. Y de refilón envía una velada amenaza al juez que admitió la acción de protección: “Estoy seguro de que las más altas autoridades judiciales ya conocen esto”.

Lo que ignoran Chiriboga y sus auspiciadores es que lo que se encuentra en juego es la soberanía de nuestro país, aspecto que ellos han puesto en entredicho al sostener que la única autoridad a la que obedecen es la FIFA, una asociación multinacional de derecho privado con sede en Zúrich (Suiza), a la que le conceden poder absoluto de decisión en nuestro territorio en detrimento de la Constitución vigente, de la Ley del Deporte y todo el andamiaje jurídico del Ecuador.

La soberanía es concebida como la autoridad suprema del Poder Público sobre un territorio y sus habitantes; la facultad de dictar las leyes sin recibirlas de otros. Los directivos de la FEF alegan que es el artículo 63 de la Ley del Deporte vigente que concede a la FIFA la facultad de imponer su criterio en nuestro territorio. Esta interpretación arbitraria carece de sentido y hace dudar de la preparación jurídica de los que la sostienen. Lo que el artículo dispone es que la FEF organice sus torneos y aplique las normas de juego, arbitrales, de concesión de puntos, proclamación de campeones, etcétera, “en el marco de la normativa internacional de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) y de la Confederación Sudamericana de Fútbol”. Eso vale para todas las federaciones internacionales que son las que señalan las normas competitivas.

En el supuesto de que la Ley del Deporte vigente hubiere querido cometer la herejía jurídica de abdicar de la soberanía en favor de la FIFA, tal disposición carecería de valor por contradecir la norma suprema de la república, es decir, la Constitución.

La FIFA lo sabe, aunque, como lo veremos en otro artículo de esta serie, acostumbra a proteger a dirigentes cuestionados en sus países y en otros casos pasa de largo. En agosto del 2014, la Policía allanó las oficinas de la Asociación de Fútbol Argentino y se llevó las computadoras de esa organización para indagar denuncias sobre malos manejos de los dineros dados, por el Estado a la AFA, por concepto de derechos para televisar el balompié.

En Perú, el Congreso y la Fiscalía investigan por lavado de activos y defraudación de los dineros del fútbol peruano al expresidente Manuel Burga, quien desistió de su intento de reelección, luego de doce años de mandato en su federación, asediado por las críticas y las acciones judiciales en su contra. Burga consiguió varias veces que la FIFA amenazara a Perú con ponerlo al margen de la organización, pero sus cuestionadores no le dieron tregua. Al final, Joseph Blatter se hizo el distraído y Burga, despojado de la impunidad que le otorgaba la FIFA, hoy anda rondando los juzgados para defenderse.

Un caso emblemático es el del presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, imputado por la justicia de su país por el uso de fondos de la federación para costear viajes de amigos y familiares al Mundial de Japón-Corea 2002 y por los viáticos otorgados, lo que, según el denunciante Javier Tebas, vicepresidente segundo de la Liga de Fútbol Profesional de España, configura los delitos de apropiación indebida, administración desleal y falsedad documental. Los peritos judiciales alegaron que la justificación de los viajes de Villar y sus invitados al Mundial era “deficiente” y no había desglose de los gastos en que incurrieron los acompañantes de los dirigentes federativos.

¿Qué dijo la FIFA sobre la ‘intromisión’ de la justicia común en el caso que implicaba al entonces todopoderoso vicepresidente de esa entidad y presidente de la AFA, Julio Grondona, hoy fallecido? Ni pío. Lo mismo en los casos de Villar, también vicepresidente de FIFA, y de Burga.

Autor: Ricardo Vasconcellos R.

Fuente: eluniverso.com



Categorías:Actualidad

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