El fútbol total de Messi y un equipo con juego y carácter, las claves de Argentina campeón

La ‘Albiceleste’ culminó una espera de 36 años con la consagración en Qatar, su tercer título mundial. Lo hizo con un Lionel Messi brillante, que jugó en un nivel fantástico a sus 35 años. A su alrededor se construyó un equipo encolumnado detrás de su figura y la del joven entrenador Lionel Scaloni, que supo recuperarse a lo largo del Mundial a base de su fútbol y a su convencimiento.

Argentina es campeón del mundo luego de 36 años. Es la Argentina de Lionel Messi, que consiguió el título más ansiado y más esquivo de su exitosa carrera.

Pero también es la Argentina de Lionel Scaloni, el entrenador inexperto que mostró liderazgo y sapiencia para encabezar una transición del equipo albiceleste.

Y es, además, la Argentina de las manos heroicas de Emiliano Martínez; de la solidez defensiva, con Nicolás Otamendi como mariscal; del despliegue en el centro del campo de Rodrigo de Paul; de la redención y la resiliencia de Ángel Di María; de las jóvenes apariciones que se bautizaron a lo grande en un Mundial, como Enzo Fernández, Alexis Mac Allister o Julián Álvarez.

En definitiva, la consagración de un equipo que, desde lo colectivo y sin las grandes individualidades de otras selecciones, se erigió como el mejor del mundo.

La mejor versión de Messi para cumplir su gran sueño

Si a Lionel Messi le tocó sufrir muchas veces en su camino con la selección argentina (esa que eligió representar pese a haberse radicado en España desde muy chico), desde hace un tiempo, según sus propias palabras, ha sabido disfrutar de vestir la camiseta argentina.

En gran medida, ese disfrute llegó de la mano de un equipo que se propuso acompañarlo en el último intento de buscar su gran sueño, ese que parecía casi imposible cuando hace cuatro años y medio, Francia se impuso 4-3 en los octavos de final de Rusia 2018 frente a la caótica Argentina de Jorge Sampaoli.

Sin embargo, Messi se puso a la cabeza de un conjunto renovado, que le permitió ser el factor diferencial y no el único argumento para buscar el objetivo. Y desde sus 35 años, con la Copa América en sus espaldas que le permitió romper la sequía de títulos, pareció sentirse libre para completar su mejor Mundial.

Sin la explosión de antaño, el astro argentino supo reinventarse como un jugador de todo el frente de ataque. Lejos del área, fue lanzador y armador. Cerca del área, sacó a relucir su faceta de finalizador. De ahí que sumara 7 goles (solo opacado por el brillante Kylian Mbappé, que sumó 8) y 3 asistencias en la Copa del Mundo, una cifra inédita en un solo torneo desde un tal Diego Maradona en 1986.

Y si a Qatar había llegado sin goles anotados en instancias de eliminación directa en los Mundiales, también se encargó de derribar esa barrera con tantos en cada una de las instancias: les marcó a Australia (octavos), Países Bajos (cuartos), Croacia (semifinal) y Francia (final).

Una actuación individual excelsa que le permitió confirmar, si quedaba lugar a alguna duda, que es el mejor jugador de la historia.

Lionel Scaloni, el líder inesperado que se sienta en la mesa de Menotti y Bilardo

Hay muchos momentos que pueden marcarse como punto de inicio de este recorrido de Argentina hacia el título mundial. Uno de ellos, claro, fue cuando Lionel Scaloni, uno de los ayudantes de Sampaoli en Rusia 2018, decidió hacerse cargo del banquillo albiceleste cuando nadie quería ocupar un lugar que se parecía a una silla eléctrica.

Lo hizo como interino, sumando partidos y confianza en el camino. Fue cruelmente denostado por el público y la prensa argentina, que hasta llegó a preguntarle si contaba con el carnet de entrenador. Pero, cultor del perfil bajo, sumó el apoyo más importante, el de los jugadores que le mostraron su respaldo en los momentos difíciles.

Scaloni se forjó su credibilidad con trabajo, acompañado de varios exjugadores como Walter Samuel, Pablo Aimar y Roberto Ayala, conocedores de la selección, con sus vaivenes.

En la dirección técnica, Scaloni fue pragmático para variar sistemas o nombres según lo requería la ocasión; motivador para mantener siempre en buen ánimo a titulares y suplentes; y con los pies sobre la tierra para calmar el fervor excesivo de los triunfos y la decepción exagerada de las derrotas.

Todos estos argumentos se vieron claramente reflejados después de la inesperada caída frente a Arabia Saudita en el debut de Qatar 2022, que puso fin a un invicto de 36 partidos y sembró dudas, al menos hacia afuera del grupo. Ahí, el entrenador no escapó a un golpe de timón que dejó fuera a pilares de su ciclo como Leandro Paredes o Lautaro Martínez para hacerle lugar a jovénes con un mejor momento, como Enzo Fernández, Julián Álvarez o Alexis Mac Allister (a la postre, el mejor reemplazante del lesionado Giovani Lo Celso).

Las lágrimas genuinas tras el triunfo por penales ante Francia y el abrazo que recibió de cada uno de sus jugadores fue el mejor premio para Scaloni, que se suma a César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo como los seleccionadores argentinos campeones del mundo. Y hasta puede darse el lujo de ser el único en haber ganado tanto el Mundial como la Copa América.

‘La Scaloneta’, un equipo con apodo propio, arropado por un gran grupo

Messi en el campo y Scaloni desde el banquillo son los líderes de un equipo argentino que, como pocos, logró una identificación dentro de la cancha y también fuera, con el exigente público argentino, que hasta le dio un apodo: ‘La Scaloneta’.

Y al momento de dar sus argumentos tras cada victoria, los jugadores argentinos destacaron valores similares, con «el grupo» como principal bandera. La unidad hacia dentro fue una fortaleza para que prevaleciera el carácter colectivo por sobre cualquier individualidad.

Junto a Messi, Nicolás Otamendi y Ángel Di María (mención especial para Sergio Agüero, campeón de la Copa América y el jugador ’27’ durante todo el Mundial) fueron los ‘veteranos’ que enseñaron del camino de un grupo de jugadores jóvenes, que encontraron en la selección también una plataforma de despegue, como son los casos de Leandro Paredes, Rodrigo de Paul, Cristian Romero, Lautaro Martínez y más. Pero además, en esta Copa del Mundo, se hicieron su lugar nombres como Enzo Fernández, Alexis Mac Allister o Julián Álvarez, que entraron y no volvieron a salir de la alineación titular.

En el ADN de ‘La Scaloneta’ hubo rasgos distintivos: presión por momentos asfixiante en todas las líneas del campo; voracidad para atacar, sobre todo al recuperar la pelota en la ofensiva; rigor en defensa y saber resistir los embates del rival; y, sobre todo, carácter y mentalidad para reponerse de los golpes.

En este Mundial, Argentina supo sufrir para poder gozar. Lo hizo en la derrota fuera de los planes ante Arabia Saudita en el estreno; en el difícil primer tiempo frente a México, cuando una derrota le deparaba una despedida demasiado temprana del torneo; en el cierre del 1-2 ante Australia, o en la pérdida agónica de diferencias en el marcador padecidas ante Países Bajos o Francia.

De cada uno de esos golpes, que podrían haber derribado a cualquier otro equipo, Argentina supo levantarse con fuerza y espantar los fantasmas del pasado, de las oportunidades perdidas, de las frustraciones acumuladas. Todo eso lo dejó atrás para volver a levantar esa Copa del Mundo, esquiva desde 1986. La que alzó Diego Maradona, la que ahora, por fin, alzó Lionel Messi.

Fuente: france24.com



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