
Cuando el 30 de junio de 2018 terminó el partido jugado en Kazán, no abundaban las razones para ser optimistas sobre el futuro de Argentina. La caída 4-3 contra Francia que decretó la eliminación en los octavos de final del Mundial de Rusia era la consecuencia lógica de un equipo a la deriva, que a duras penas había logrado atravesar la fase de grupos. Y alguien era observado en particular aquel día. Lionel Messi, tal vez el menos responsable de aquel fracaso, era paradójicamente una de sus principales caras. Se iba de su cuarta Copa del Mundo con números individuales mustios en comparación con los que tenía en Barcelona: apenas 6 goles en 19 partidos en la cita máxima. Hasta que sus 35 años, meses antes de la epopeya en Qatar, esa estadística se mantuvo. Era muy difícil imaginar que hoy, a punto de cumplir 39, la historia sería tan distinta e igualaría el récord de Miroslav Klose, con 16 gritos en la competición.
Parte de lo curioso en la historia mundialista de Messi es que había comenzado de manera ideal, como para ilusionarse con que todo fluiría sin mayores inconvenientes. En su debut, a pocos días de soplar 19 velitas, ingresó a los 30 minutos del complemento en la segunda fecha del grupo, contra Serbia y Montenegro. Le bastó ese rato para inaugurar su cuenta particular. Cuando marcó el 6-0 que terminó de decorar aquella goleada histórica, fueron muchos los que dijeron, sin temor a equivocarse, que era apenas el comienzo de una larga saga de festejos de Leo con Argentina. El tiempo les dio la razón, sí, pero para eso hubo que esperar bastante más de lo que imaginaba la mayoría.
Messi con Argentina: primero hay que saber sufrir
A estas alturas parece increíble, pero no es tan lejana la época en que Lionel Messi padecía su tiempo en la Selección Argentina más de lo que lo disfrutaba. Sudáfrica 2010 fue una de las primeras estaciones de ese calvario. Llegaba para defender su fama de mejor jugador del mundo, conseguida por sus actuaciones en un Barcelona que había ganado la Champions el año anterior y repetiría en el siguiente. Pero con la albiceleste, conducida desde el banco por Diego Maradona, no pudo brillar del mismo modo. El equipo quedó eliminado en cuartos de final al caer 4-0 contra Alemania. No sólo eso: Leo no pudo anotar en todo el torneo, algo que afortunadamente nunca se repetiría en Copas del Mundo.
Después de otro disgusto en la Copa América jugada en Argentina en 2011, Leo buscó su revancha mundialista en 2014. Tuvo una actuación determinante en los dos primeros partidos de la fase de grupos, con una anotación de su sello en el 2-1 a Bosnia y un golazo sobre la hora para vencer 1-0 a Irán. En la última fecha, con el seleccionado ya clasificado, sumó un doblete en el 3-2 contra Nigeria.
Hasta ahí llegó su alcance anotador. Tuvo una chance muy clara en la final contra Alemania, pero su remate ante el achique de Manuel Neuer salió apenas desviado, en una jugada traumática para alguien que no solía fallar esas ocasiones. Leo se quedó sin su gol y Argentina sin título, en el desenlace triste de una gran actuación del equipo de Alejandro Sabella.
Lejos de mejorar, el panorama se volvió más oscuro en Rusia 2018. Messi anotó un gol en la fase de grupos, en el 2-1 ante Nigeria, y después poco pudo hacer en un seleccionado sin ángel. Era difícil imaginarlo, pero desde esas cenizas en Kazán iban a renacer dos gigantes: Messi y, de su mano, Argentina.
Messi: en la madurez, el tiempo de revancha
«Ya está. Se terminó para mí la Selección». Contagiado por el clima derrotista, Messi llegó a renunciar al seleccionado en 2016, tras una nueva final perdida, en la Copa América Centenario por penales frente a Chile. Lograron convencerlo de volver, pero no alcanzó para evitar la decepción en el Mundial de Rusia.
Algo cambió después, en Messi y en Argentina. Lionel Scaloni consiguió darle un espíritu nuevo al equipo y se apoyó en un Leo que, en una etapa distinta de su carrera, le pondría todo el cuerpo a su rol de capitán. Reconoció en sus compañeros a personas que lo daban todo y que además de ganar un título para Argentina querían regalárselo a él. Empezaron las alegrías y los números, al cabo un reflejo de lo que pasa en la cancha, se acomodaron.
Después de sacarse las ganas de un título en mayores con la Copa América 2021, Qatar 2022 vio la mejor cara de Leo. Apareció en la fase de grupos cuando Argentina más lo necesitaba, con el gol que abrió el camino para el 2-0 clave a México. A partir de octavos, se cargó toda la responsabilidad al hombro y rompió la barrera de no haber marcado hasta entonces en las instancias de eliminación directa. Hizo goles en todos los partidos, incluido el doblete en la final, y terminó el torneo con 7 tantos, en el mayor registro anotador para un argentino desde Guillermo Stábile en el Mundial de 1930.
El último capítulo de Messi con Argentina
En contra de alguna declaración puntual suya pero a favor del deseo de los argentinos y de los que realmente aman el fútbol, Leo decidió que después de Qatar había lugar para una nueva ilusión mundialista. Su actuación descomunal ante Argelia en el debut, con su primer hat-trick en Copas del Mundo, le dio la razón y lo puso en lo más alto de los goleadores de todos los tiempos de la competición junto a Klose.
La cuenta rápida acentúa las diferencias: seis goles en los primeros cuatro Mundiales contra diez anotados en una Copa del Mundo y un partido de la siguiente. La parte más importante, lograda después de haber cumplido 35 años, con el final de su carrera claramente más cerca que aquel comienzo lejano.
Impresiona su promedio de gol si se toma el registro desde Qatar en adelante: con diez en ocho partidos, llega a una media espectacular de 1,25 por encuentro. A todo esto se suma la continuidad: convirtió en los últimos cinco partidos del seleccionado en la gran cita. Una racha que, de la mano de un Leo hoy más maduro que ayer, los argentinos y los muchos que lo admiran desean que nunca termine.
Fuente: ESPN.com.ec
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Categorías:Actualidad
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